Días extra sensibles. Días de conmoverme por ver a dos niños corriendo hacia la escuela mientras su papá va hecho la chingada en una bicicleta. Días de oler a las personas, días de energía baja pero constante.
Mi corazón suena como una llave que deja correr el agua… Ya no hace tu-cu tu-cu tu-cu. Hoy no quiere marcar el paso, hoy sólo fluye.
Mi piel pide sábanas blancas y un cuarto ventilado. Mis ojos soledad. Quiero escuchar el ambiente y que mientras respiro, se reconstruya cada célula de mi cuerpo que se ha apagado por la monotonía de vivir en sociedad.
¿Y si vienes? ¿Y si jugamos a la adolescencia? Bebamos, besemos, toquemos hasta ya no poder más. Crecí muy rápido, ayúdame a regresar el tiempo. Contratemos a una maestra, un payaso y un actor que la haga de mi tío. Que su trabajo sea hacerme sentir niño. Riamos, hagamos la guerra con pistolas de agua, comamos un pastel entero y dejemos espacio para una gelatina. Lloremos frente al espejo hasta no poder más. Terminemos con nuestros días, días comunes, días cuerdos.
Juguemos a los idiotas y si es necesario acabemos en un psiquiátrico. Que digan: “Hicieron lo que quisieron”, “Se amaron con locura”…..
Hoy me acordé ti. La sensación del agua al correr era la misma de cuando te lo dije y empezaste a llorar. Esa noche creímos que era el fin pero se convirtió en el principio de nuestro sudoroso calendario sexual. Tengo la coreografía de tu lengua marcada en mi cuerpo, el sabor de tu piel jugosa en mis extremidades. Tengo en el bajo vientre sabor a vodka, naranja y a ti. Tienes mi juventud, mis locuras. Por eso ando ofreciendo estabilidad y madurez. Pero en ocasiones te recuerdo, sonrió y me pongo a jugar solo. Sólo un poco.
“Todo llega para el que sabe esperar” Henry Wadsworth
No puedo con el término “hacer el amor”. Traté de escribir sobre el tema, lo acepto. Pero no se me da el romanticismo.
Si, si. Yo se que los humanos con su actitud diferente y creativa decidieron llamarle así al tradicional tener sexo. Y bueno, llevamos varios siglos llamándolo así. Para darles gusto, supongo… La vida se trata de eso, de dar gusto. El punto es que todos lo hemos rebautizado.
A mí, me resulta difícil.
El sexo se trata de algo tan complejo que creo merece un nombre mas extenso y elaborado. Y no es porque el amor me repugne, ni mucho menos. Pero esto es tan rico y el amor tan efímero. Que no creo que sean la misma cosa.
No hay forma de hacerlo sin recurrir al animal que llevamos dentro. Es importante ser frío y calculador. Observar extremidades estiradas, sentir y contabilizar resultados: ojos coquetos, contactos sutiles, piel de gallina… dilatación.
El arte de lograrlo resulta toda una melodía romántica. Cúmulos de suspiros, gemidos, respiraciones agitadas y frases que la componen me lo demuestran. Pero la consumación, es violencia pura.
Los besos inocentes se convierten en bocas hambrientas. Se pierde el “respeto”. Se desea estar dentro de alguien, apretamos músculos, saboteamos piel, chocamos cuerpos, detenemos extremidades, soltamos alguna mordida, vamos dejando nuestros pedazos por ahí.
El éxito está en lograr que la otra persona abandone su cuerpo y nos deje jugar un rato. En recolectar muestras de satisfacción. Desenterrar sensaciones.
El sexo es pasatiempo, hobby, obligación, deporte, danza, ocio y profesión. El sexo se ríe de las normas sociales, nos recuerda con frecuencia lo animales que somos. Y aunque todos fingimos ser lindos gatitos con miradas de amor, en el interior solo buscamos esa sensación de ser los reyes mundo.
Últimamente veo en mi ciudad poca gente que sonríe. Yo por ejemplo, busco la felicidad. Claro, me considero afortunado, exitoso. Poco a poco voy logrando mis metas. Pero cuando me encuentro en la posición donde quería estar hace un año, mis metas son otras y luego otras y siempre otras. Total que uno llega, en el camino encuentra chispas de felicidad, pero ésta nunca dura.
Y es que mira, cuando era pequeño, quería ser grande. Y ahora de grande me doy cuenta que de pequeño tuve mi oportunidad de ser tan animal como quería. Correr, reír, vomitar por dar vueltas en las tazas locas, llorar por un juguete, hacer un drama en el supermercado, correr con esa energía desbordante de los niños. Pero no, no la aproveché y ahora tengo responsabilidades, esas cosas estúpidas que un humano “inteligente” inventó. Porque en verdad, tener una casa, un auto, una Mac y esas cosas materiales sólo nos obliga a producir para la “brillante”, consumista y esclavizante sociedad; a trabajar para adquirir cosas que no estoy seguro de necesitar. Pagar impuestos, mantener a unos. Ser víctima de robos, mantener a otros. Ser secuestrado. ¿Qué diferencia hay entre el canibalismo y esto? Ninguna. Se trata de humanos comiendo humanos. Así es como me queda claro que no hay evolución, no hay progreso. Al final regresamos a la antes conocida ley de la selva, sólo que con más mala leche. Volvemos a ser los animales que nunca dejamos de ser, pero más degenerados y con más doble moral.
Y no hablo de ser holgazán, si no de buscar tus recursos y observar los detalles de este maravilloso mundo con calma, respetarnos como lo dice la palabra. Sin definiciones de moral y ética. Respetarnos y punto…. Yo, Martín, dudo y me niego que la vida exista para estar en cuatro paredes, dudo que se trate de preocupación. Lo dudo.
A poco no te resulta curioso ver/sentir como nos vamos inventando responsabilidades, dolores, preocupaciones, contaminación y estrés.
Estoy de acuerdo que uno nunca olvida el día que le vieron la cara. Cuando tu mamá te promete un juguete para acabar con un capricho y nunca llega, cuando te dan mal el cambio, cuando alguien que no es de tu agrado te roba un beso, cuando te demuestran que el amor no existe. Pero no me imagino a una yegua deprimida porque su caballo se fue con otra o a una señora chimpancé volviéndose loca porque su macho anda por ahí quitando piojos a quien se deje. O a una hormiga preocupada porque llegará tarde al trabajo. Los celos no existen, la inseguridad tampoco, las preocupaciones ¿qué? Lo único que debería existir es la libertad. Sin embargo existe esa necesidad animal de querer estar por encima y controlar a la manada.
A partir de hoy trataré de disfrutar más, sonreír, enamorarme perdidamente de esta vida. Hoy haré el intento.
Boca: me siento raro.
Raro como niño regañado, raro como ladrón, raro como mal portado.
Pero cuando pienso en boca y en como boca apareció, me siento exonerado.
Ojos esta triste y se siente raro,
Raro como mentiroso, tramposo, tonto.
Pero la culpa no es de ojos si no de sus ojos que vieron a la boca de boca jugosa y roja.
Boca roja que el ritmo acelero y los pensamientos multiplico.
Pero ojos está lejos de boca.
Ojos tiene a su lado a nariz, nariz que siempre está a su lado y la situación con boca lo hace sentir mal de ojo.
Ojos solo espera que boca encuentre a diente, un diente que sin duda será más cercano. Y desea algún día encontrarse con boca. Porque boca le saca brillo a estos ojos, porque ojos disfruta platicar con boca. Porque boca ya es importante para ojos, como ojos para boca.
Ojos quiere seguir sabiendo de boca, ser honesto desde este momento y tenerla un día de frente. Ser congruente y no jugar, porque solo así no se siente raro. Ojos imagina que podria tener una amistad con boca y que un día no muy lejano podrían viajar y encontrarse frente a frente y sin nada detrás de ellos.
Solos ojos y boca.
Boca y ojos de frente.
Ser actor es contradicción. Es necesario estar un poco muerto pero a la vez lucir muy vivo. Se trata sobre alquilarte para vivir mas vidas y meter por temporadas la tuya al congelador. Ser actor con trabajo es ser esclavo. Ser desempleado es casi turismo.
Esta prohibido extrañar, sentir frío y mucho menos sueño.
Actuar es depresión, alegría, alegría, depresión, soledad y multitudes.
Es una historia sobre carnicería, pieles sensibles, trata de blancas, pureza, objetos, seres humanos, maquinas de emociones, almas susceptibles, imágenes baratas y lo sublime.
A la actuación le gusta hacerse la difícil y dejarnos picados. Nos cela, nos marca, nos reta. Es una relación llena de caricias, bofetadas y sensualidad. Feliz día a todos los que sabemos que es un trabajo difícil, que practicamos la profesión con respeto.
Feliz día de los que decidimos tomar el camino “complicado”, “hippie”, donde nos íbamos a “morir de hambre”. Pero disfrutamos haciendo lo que nos gusta.
Yo no entendía eso de la ley de gravitación, hasta ayer. El día que te volví a ver.
Te observaba desde un rincón como no queriendo, te veías presumida y provocadora. De pronto, me recordaste a la luna. Espléndida entre la oscuridad, moviendo mareas y creando fuerzas de atracción.
Avanzaba la noche y cada uno de tus invitados hacia “plop”, un sonido parecido al del maíz que truena y se convierte en palomita. Pero en esta ocasión éramos humanos convertidos en granos de arena. Arena que embriagabas con tus mareas… pequeños y risueños granos de arena para tu diversión.
Te sentí toda la noche rondándome, me sentí toda la noche embelesado. Nuestros cuerpos y su distancia creaban la oscilación rítmica perfecta, como la de las olas. Y como una roca que recibe golpes de agua recibí tu “porque nunca me hablaste” después de mucho de no verte, de mucho no escribirte, de mucho no saber de ti.
Me falto el aire, se me olvido nadar y termine por perderme en tus océanos. Nos convertimos en un cardumen, muy a lo película porno. Ese porno que calificamos ruin, salvaje y ordinario.
Llego el amanecer, un tiburón y del cardumen no quedo nada. De mi tampoco.
Hoy solo soy un cuerpo desnudo que yace sobre la playa, golpeado por las olas y escuchando a las aves graznar cosas como: la cagaste, que hiciste, te la hubieras ahorrado, arrepiéntete, arrepiéntete, cierra tus ciclos, que hiciste. Te quitaron el sueño, el hambre y eso que era tan tuyo.
Ese frasco estaba en ceros, lo se. Pero uno crece y se comienza a llenar. Recuerdo cuando se lleno por primera vez y lo estúpido que fue mi desahogo.
El cúmulo de energía me hacia sentir bello, vital, optimo, seguro y fértil entre otras calurosas cosas. Y el cúmulo de estos sentimientos me hacia andar por la calle con la sonrisa en alto buscando catarsis. Se que te paso, a todos nos pasa. Siempre llega el día donde el frasco ya no puede de tanta energía y como pasa con las ollas, vasos, copas y demás contenedores, pues… se derrama un poco. Eso lo reconoces como el calorcito… si, ese.
El calorcito que sonroja el pecho e hincha los labios. Ese que te acaricia el cuerpo y de pronto te dan ganas de querer. Querer a secas. Ese querer que no va de la mano con el amor. Querer.
De pronto te topas con alguien… Frente a frente. Te ve, se ven. Y todo ese frasco que estaba en ceros, que ahora esta lleno y esta derramando se convierte en besos, ruido y tacto. Sobre todo tacto. Mucho tacto.
Se demoran tiempo, paralizan viento y estacionan uno que otro te quiero. Vienen los gritos, el gusto, las bocanadas y cada cosa te lleva mas arriba de esta montaña rusa hasta que llega el momento final. De pronto su cuerpo se convierte en pantano y quedas atrapado. Sin energía, inmóvil, con la cabeza llena de contriciones y lo mas importante sin ganas.
No te inquietes. No funciona el moverse para salir del pantano, pero siempre llega el día donde a uno se le olvida. Y precisamente ahí, es cuando el frasco recibe las primeras gotas que algún día terminaran por llenarlo una y otra y otra vez.