No se de drogas ni de juguetes. De pequeño jugaba a los Power Rangers y después más grandecito jugaba a que tenía una carnicería donde repartía pedacitos de mi corazón. Juegos inocentes, según yo. Pero mi cuerpo un día dejó de hablarme.
El celoso de mi estómago, se comprimió del coraje. La sumisa de mi garganta reclamaba que no le llegaba suficiente sangre. Mi cerebro corría de un lado a otro buscando liberarse del cráneo. Las costillas y la carne no dejaban explayarse a los pulmones. Las manos lloraban y el resto del cuerpo decidió dejarse caer para que yo no tuviera más opción que cargar con su huelga.
Es feo enterarse de que tu cuerpo arma un complot, yo no se lo deseo a nadie. Por las noches, cuando todo esta en silencio y me dispongo a dormir alcanzo a escuchar sus murmullos. En el día también hablan, hasta he llegado a creer que es cuando se organizan pero no logro escucharlos muy bien porque con el amanecer vienen las distracciones. Personas que se me paran enfrente y comienzan a hablar, hablar, hablar y ya no logro escuchar a mi cuerpo. Porque hay autos, bicicletas. Bicicletas que hacen coreografías y me hacen voltear a ellas. Porque tengo que voltear a ver semáforos y señalamientos y me distraigo. La vida me distare mientras ellos aprovechan para organizarse. Y eso es lo que me enoja.
Mi cuerpo es un traidor ¿Tu puedes ayudarme a escuchar lo que dice?
Esto es la vida de a momentitos
No se de drogas ni de juguetes. De pequeño jugaba a los Power Rangers y después más grandecito jugaba a que tenía una...