No puedo con el término “hacer el amor”. Traté de escribir sobre el tema, lo acepto. Pero no se me da el romanticismo.
Si, si. Yo se que los humanos con su actitud diferente y creativa decidieron llamarle así al tradicional tener sexo. Y bueno, llevamos varios siglos llamándolo así. Para darles gusto, supongo… La vida se trata de eso, de dar gusto. El punto es que todos lo hemos rebautizado.
A mí, me resulta difícil.
El sexo se trata de algo tan complejo que creo merece un nombre mas extenso y elaborado. Y no es porque el amor me repugne, ni mucho menos. Pero esto es tan rico y el amor tan efímero. Que no creo que sean la misma cosa.
No hay forma de hacerlo sin recurrir al animal que llevamos dentro. Es importante ser frío y calculador. Observar extremidades estiradas, sentir y contabilizar resultados: ojos coquetos, contactos sutiles, piel de gallina… dilatación.
El arte de lograrlo resulta toda una melodía romántica. Cúmulos de suspiros, gemidos, respiraciones agitadas y frases que la componen me lo demuestran. Pero la consumación, es violencia pura.
Los besos inocentes se convierten en bocas hambrientas. Se pierde el “respeto”. Se desea estar dentro de alguien, apretamos músculos, saboteamos piel, chocamos cuerpos, detenemos extremidades, soltamos alguna mordida, vamos dejando nuestros pedazos por ahí.
El éxito está en lograr que la otra persona abandone su cuerpo y nos deje jugar un rato. En recolectar muestras de satisfacción. Desenterrar sensaciones.
El sexo es pasatiempo, hobby, obligación, deporte, danza, ocio y profesión. El sexo se ríe de las normas sociales, nos recuerda con frecuencia lo animales que somos. Y aunque todos fingimos ser lindos gatitos con miradas de amor, en el interior solo buscamos esa sensación de ser los reyes mundo.
Boca: me siento raro.
Raro como niño regañado, raro como ladrón, raro como mal portado.
Pero cuando pienso en boca y en como boca apareció, me siento exonerado.
Ojos esta triste y se siente raro,
Raro como mentiroso, tramposo, tonto.
Pero la culpa no es de ojos si no de sus ojos que vieron a la boca de boca jugosa y roja.
Boca roja que el ritmo acelero y los pensamientos multiplico.
Pero ojos está lejos de boca.
Ojos tiene a su lado a nariz, nariz que siempre está a su lado y la situación con boca lo hace sentir mal de ojo.
Ojos solo espera que boca encuentre a diente, un diente que sin duda será más cercano. Y desea algún día encontrarse con boca. Porque boca le saca brillo a estos ojos, porque ojos disfruta platicar con boca. Porque boca ya es importante para ojos, como ojos para boca.
Ojos quiere seguir sabiendo de boca, ser honesto desde este momento y tenerla un día de frente. Ser congruente y no jugar, porque solo así no se siente raro. Ojos imagina que podria tener una amistad con boca y que un día no muy lejano podrían viajar y encontrarse frente a frente y sin nada detrás de ellos.
Solos ojos y boca.
Boca y ojos de frente.
Yo no entendía eso de la ley de gravitación, hasta ayer. El día que te volví a ver.
Te observaba desde un rincón como no queriendo, te veías presumida y provocadora. De pronto, me recordaste a la luna. Espléndida entre la oscuridad, moviendo mareas y creando fuerzas de atracción.
Avanzaba la noche y cada uno de tus invitados hacia “plop”, un sonido parecido al del maíz que truena y se convierte en palomita. Pero en esta ocasión éramos humanos convertidos en granos de arena. Arena que embriagabas con tus mareas… pequeños y risueños granos de arena para tu diversión.
Te sentí toda la noche rondándome, me sentí toda la noche embelesado. Nuestros cuerpos y su distancia creaban la oscilación rítmica perfecta, como la de las olas. Y como una roca que recibe golpes de agua recibí tu “porque nunca me hablaste” después de mucho de no verte, de mucho no escribirte, de mucho no saber de ti.
Me falto el aire, se me olvido nadar y termine por perderme en tus océanos. Nos convertimos en un cardumen, muy a lo película porno. Ese porno que calificamos ruin, salvaje y ordinario.
Llego el amanecer, un tiburón y del cardumen no quedo nada. De mi tampoco.
Hoy solo soy un cuerpo desnudo que yace sobre la playa, golpeado por las olas y escuchando a las aves graznar cosas como: la cagaste, que hiciste, te la hubieras ahorrado, arrepiéntete, arrepiéntete, cierra tus ciclos, que hiciste. Te quitaron el sueño, el hambre y eso que era tan tuyo.
Los corazones que aman no tienen sueño. Los corazones que aman se estremecen con cada instante de vida. Los corazones que aman bombean sangre a cerebros que vuelven locos. Los corazones que aman abastecen la entrepierna, acarician el estomago y cierran la garganta. Los corazones que aman producen lagrimas. Los corazones que aman quitan el hambre. Los corazones que aman incluyen labios y sonrisas. Los corazones que aman aman el aire, la hormiga, la rata, el perro, la casa, el coche, la lata y a la mujer mas ingrata. Los corazones que aman buscan exclusividad. Los corazones que aman desnudan el cuerpo, erizan los vellos y sonrojan la piel. Los corazones que aman suspiran. Los corazones que aman ríen. Los corazones que aman dilatan. Los corazones que aman tensan y relajan. Los corazones que aman no conocen distancias. Los corazones que aman no tienen control.
Mientras el tuyo solo duerme.
Hoy estoy en casa necesitado de imaginar. He puesto a mis neuronas a trabajar sobre la imagen de un cadáver que yace sobre el piso frío de mi cocina. No busco un guión criminal, pero si me gustaría romper con la monotonía de las tareas domesticas.
Hoy tengo necesidad de limpieza. Parece que surge desde lo mas profundo de mis entrañas. Hoy ya no viven mariposas en mi estomago. Durante la ultima ventisca decidieron cambiar de hogar y ahora son otros los que lucen estúpidamente enamorados.
Yo, cada vez menos sonrisas y cada día con un tiliche que va llenando la bodega de mi cabeza. Cuando cierro los ojos y miro hacia dentro, mi cabeza me recuerda a una casa de alguna vieja ideática, de esas que guardan todo por si algún día se ocupa. Y entre tanta mierda siento revolotear de nuevo algo en mi vientre… sonrío un instante, percibo, pongo atención al sonido. Para terminar dándome cuenta que no hay mariposas, si no cucarachas.
Hoy estoy en casa… no precisamente en casa, no sabría decirte si la tengo. Solo se que hay un cronometro en la puerta con una cuenta regresiva sobre mi salida. Cuenta el mes que me queda. Un mes que no bastara para empacar, ni para archivarte en mi pasado.
Por eso limpio como borrando rastros de un cadáver, para borrar nuestro aroma, nuestros recuerdos. Sacudo los suspiros que se quedaron sobre los muebles. Lavo el buen sexo que percude las sabanas y me encargo de que las lagrimas que hoy están sobre el piso acaben de perdida en una maceta. Si, en una maceta para saber que no solo aprendí con ellas y que dejare tus plantas verde radiante para cuando vuelvas.
Limpio para que a tu regreso te des cuenta del brillo de la vida, empaco para no volver y voy cargando cajas de recuerdos que amenazan con salirse del cartón.
Te dejo en un sobre sonrisas, cariño y un vale por un final feliz.
Maximino era un hombre alto, delgado, piel apiñonada, ojos pispiretos y mala suerte. Dueño de una taquería donde sólo comían los que trabajaban ahí. Perteneciente a un linaje que por generaciones ocupó los lugares de hasta atrás en la fila de la escuela.
Max, como le decían de cariño. Conoció el amor en una de esas festividades donde llenan las calles de alfalfa en San Jesús de las Montañas. María llena eres de gracia, era el nombre de su mujer. Él era carpintero y ella una santa. Se conocieron desde los 3 años no teniendo mas opción que enamorarse. De chiquillos jugaban al doctor y de grandes a ser protagonistas de películas eróticas.
Con tanta imaginación no había lugar para ideas de pueblo, y fue así como llegaron a la Colonia Roma. Un lugar muy singular lleno de gente impredecible en la Ciudad de México, donde fue procreada la protagonista de esta historia.
Soledad nació en un hospital donde una gran estatua de Cantinflas recibe a los enfermos y despide a los recién nacidos.
Conforme la niña crecía no dudaron en llamarle Chole, Solecito, Sol o Solerita. Todos, apodos que surgían de un gran amor.
Su vida se desarrolló común y corriente, asistía al colegio, compartía su torta en el receso, corría como enajenada por todo el patio, se reía hasta que le doliera el vientre y los fines de semana la llevaban al zoológico de Chapultepec, le compraban un frutsi o esas cosas que hacen que los niños enseñen los dientes. Nunca le faltó ropa limpia, comida caliente, un beso o un abrazo.
Una noche del martes 11 de octubre del 2000, unas horas antes de que fuera el día siguiente, Maximino salió en busca de un pastel para la niña de sus ojos que cumpliría nueve años. La noche era oscura, fría y estaba acompañada por un intento de lluvia. Don Max, como le empezaron a decir a partir de los 40 era tan alto que al girar en una esquina su cuello se cruzó con un cable de alta tensión que lo detuvo en su camino. Así fue como quedó sobre la calle hecho chicharrón, mismo que antes del amanecer se comieron los perros.
Bueno en realidad no sabemos que pasó, pero Sol dice que esa teoría la hace sentir menos triste.
El día de la desaparición madre e hija lloraban con la cabeza en la ventana olvidándose del cumpleaños de la pequeña Soledad. Ese sería el primero del resto de sus días donde no habría festejo. No pudieron dormir, pasaron los días y tampoco podían probar bocado. La madre que desde pequeña era conocida como “La flaca” rápidamente consumió las pocas calorías que cargaba en el cuerpo y murió una semana después de inanición. Soledad tenía bastante cachete infantil de donde sacó nutrientes para esos días sin alimentos.
Los vecinos comentaban que había sobrevivido porque tenía una vida por delante y ganas de vivir. Ella cree que simplemente sobrevivió.
Los policías sólo tomaron fotos, los médicos forenses se llevaron el cuerpo de la madre. Nadie le preguntó cómo se sentía, qué quería hacer, ni esas preguntas que hacen los psicólogos de la gente elegante. A ella solo le preguntaron su nombre y la canalizaron al DIF de la delegación Cuauhtémoc donde pasó sus próximos 3 años sollozando y estirándose la piel de la cara y los cabellos, a los 12 optó por maquillarse con un poco de harina y páprika que robó de la cocina, platicaba con las demás adolescentes y copiaba lo mejor de cada una de ellas, de Lucia imitó esa forma coqueta de cerrar los ojos como no queriendo. De Sofía el parar la boca como mordiendo cachete, De Natalia hacer ejercicio en ayunas y de Graciela a usar los cambios de humor como arma para descontrolar a los hombres.
A los 18, después de tanta “escuela” se sintió preparada para afrontar la vida y escapó. Ese mismo día la conocí. Estaba un poco despeinada, con chapas en las mejillas, ropa diminuta, 49 kilos de carácter, ganas de vivir y ese porte que caracteriza a las mujeres que se saben guapas.
Ahora la llaman Fuego. Cobra unos cuantos pesos pero en realidad trabaja por amor…
Amor que le faltó por la ausencia de sus padres.
Hoy estoy de mal carácter por estar al lado de alguien que vive con él.
Estoy de malas noches porque quería escuchar música y bailar con 1000, 100 o 10 personas pero solo hay una persona dormida y silenciosa.
Seguro estará soñando en el departamento lujoso que no puede pagar o la fiesta extravagante que no puede organizar. Soñando en sus caprichos que son vitales para ella y a mí me resultan sobrantes. Su rostro me muestra que sueña cosas que no van conmigo.
Hoy estoy de malas y tengo miedo de dormir. Creo que en cualquier momento de la madrugada me pueden meter en una caja y nunca dejarme salir. Tengo miedo de quedarme aquí, de olvidarme de las cosas, de olvidarme quien soy. Tengo ganas de gritar, golpear, bailar, abrazar y besar hasta que mis labios tengan sangre pero ella no entiende mis ganas… Creo que ella nunca tiene ganas.
Por el momento, mientras duerme pienso como me desahogaría al despertarla con un fuerte grito que ayude a salir mis lágrimas. Quizás así lograría dormir. Aunque hablo de dormir de esa forma en la que uno despierta en otro lado. Despertar en un mundo revolucionario para ser yo…
… Hoy estoy de mal carácter soñando despierto con lo que podría haber fuera de mi caja imaginaria.
No se de drogas ni de juguetes. De pequeño jugaba a los Power Rangers y después más grandecito jugaba a que tenía una carnicería donde repartía pedacitos de mi corazón. Juegos inocentes, según yo. Pero mi cuerpo un día dejó de hablarme.
El celoso de mi estómago, se comprimió del coraje. La sumisa de mi garganta reclamaba que no le llegaba suficiente sangre. Mi cerebro corría de un lado a otro buscando liberarse del cráneo. Las costillas y la carne no dejaban explayarse a los pulmones. Las manos lloraban y el resto del cuerpo decidió dejarse caer para que yo no tuviera más opción que cargar con su huelga.
Es feo enterarse de que tu cuerpo arma un complot, yo no se lo deseo a nadie. Por las noches, cuando todo esta en silencio y me dispongo a dormir alcanzo a escuchar sus murmullos. En el día también hablan, hasta he llegado a creer que es cuando se organizan pero no logro escucharlos muy bien porque con el amanecer vienen las distracciones. Personas que se me paran enfrente y comienzan a hablar, hablar, hablar y ya no logro escuchar a mi cuerpo. Porque hay autos, bicicletas. Bicicletas que hacen coreografías y me hacen voltear a ellas. Porque tengo que voltear a ver semáforos y señalamientos y me distraigo. La vida me distare mientras ellos aprovechan para organizarse. Y eso es lo que me enoja.
Mi cuerpo es un traidor ¿Tu puedes ayudarme a escuchar lo que dice?
Érase una vez en un lugar muy cercano, una pareja que estaba destinada a ser feliz por el resto de su vida. Parejas como ésta se encuentran por millares alrededor del mundo - por difícil que parezca.
Su vida comenzó individualmente, hasta que una emoción muy intensa y abrumadora despertó en ellos un impulso atrayente que les daba una razón para vivir: la pasión.
Esto los unió y así comprobaron que no tenían punto fijo de ebullición. Siempre estaban juntos, todo el tiempo. Frotaban sus cuerpos uno con otro, compartían la misma sustancia, los mismos fluidos y simplemente no cabía en su cabeza la idea de vivir separados.
Su relación tenía como base la flexibilidad y elasticidad, no estoy hablando de sus prácticas sexuales y mucho menos de que ejecutaran gimnasia. Estas características les permitían a los dos como seres individuales, moldearse y adaptarse al otro, cualidades que ayudaron a formar la pareja perfecta, sé que resulta increíble de creer, pero así fue. Es más, alguna vez escuche decir que su amor era… (interrupción)
Todo en ellos tenía el mayor grado de calidad y no tenia el menor defecto. El vestía un smoking negro, ella un vestido de novia blanco. Los 2 de estilo setentero pero impecables y haciendo un voto de amor decidieron vestir esa misma ropa día con día.
Ellos cumplían cada requisito del verdadero amor. Los calificaban como: Almas gemelas, Eternos enamorados, Amantes perfectos, Relación solida. Su confianza era mutua y total.
Su primera casa fue un gran almacén, después de un golpe de suerte se mudaron, abrieron una tienda y sueñan con verse unidos para siempre inmortalizados sobre un pastel de bodas.
¿Quieren saber cual es el secreto de su éxito? Pues para empezar no tienen que mirarse, son de plástico y carecen de sentimientos. Así es como sin duda los personajes de este cuento vivirán juntos y felices por el resto de sus vidas.
Es raro que escriba esto puesto que no soy el prototipo de hombre que todas/os buscan, no sé si es egocentrismo o un...
no one is alone forever..right?
My buddy Benjamin came over to take photos of my apartment yesterday. He’s incredibly talented and you should follow him....
Pilar Zeta | on Tumblr (Germany)
Pilar Zeta is a Berlin-based artist and graphic designer, worldly...